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La era del vacío.

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Jessika Krohne Soletich.2012-06-06

Quién hubiera pensado hace 10 años, que en esta segunda década del siglo XXI estaríamos rodeados de este consumismo extremo. Miles de ofertas que nos llegan diariamente a nuestro mail, ofreciendo los artículos y servicios más increíbles, ofertones de un día como el viernes negro y el lunes cibernéticos, para acostumbrar a la gente a comprar por internet. El acceso inconmensurable que uno tiene hoy en día de adquirir diferentes objetos, sin necesariamente pertenecer a la clase más favorecida del ABC1. Hoy en día, con estas ofertas y con la facilidad de poder pagar las diferentes adquisiciones en no sé cuántas cuotas, mucho más personas tienen posibilidad de adquirir diferentes bienes.

¿Pero qué consecuencias tiene este nivel de consumismo y la tecnología tan avanzada en la gente? Estamos claros que aumenta considerablemente la competencia entre las personas y el deseo de querer tener cada vez más, pero cuáles son las otras consecuencias por estar viviendo en esa era, la que muchos científicos la denominan “la era del vacío”.

En el año 1986, cuando aún no existían los blackberrys, ni los Iphones, tampoco los groupones o los viernes negros, un destacado autor, Gilles Lipovetsky, sociólogo de profesión, plantea en su libro que denomina “la era del vacío”, en diferentes niveles un mismo problema general: la conmoción de la sociedad, de las costumbres, del individuo contemporáneo de la era del consumo masificado, la emergencia de un modo de socialización y de individualización inédito, que rompe con el instituido desde los siglos 17 y 18. Este libro es como una profecía y nos ubica en el postmodernismo, prevaleciendo el individualismo como estadio histórico propio de las sociedades democráticas avanzadas, existiendo, por tanto, una nueva organización de la personalidad.

Giampiero Arciero, uno de los fundadores de la teoría posracionalista y hace poco de visita en nuestro país en un seminario en la universidad Adolfo Ibáñez, está convencido de que el vacío es la emoción del mundo postmoderno, ¿Pero qué significa eso? Este destacado psiquiatra dice que la inmensa velocidad con la que vivimos la vida hoy en día, internet y la masificación de los medios nos dificultan mucho más conectarnos con nosotros mismos y dejar fluir las emociones. Estas dificultades nos llevan a padecer diferentes trastornos mentales. Hay un comportamiento de hipervelocidad que estamos efectivamente experimentando y eso ha traído diferentes consecuencias negativas para la sociedad y el aumento de algunos trastornos como el trastorno de la atención y de la hiperactividad en los niños. Como la característica principal del mundo postmoderno en el que vivimos es la velocidad y la frecuente variación de los contextos, nos lleva a que como personas nos tengamos que adaptar constantemente a estas nuevas situaciones. Eso conlleva a la emoción a la que se refiere este destacado psiquiatra: La emoción del vació. Al tener que adaptarnos constantemente a nuevas situaciones, nos hace sentir un vacío permanente. Esta nueva emoción además genera otros trastornos, a parte de los mencionados más arriba, como por ejemplo los trastornos alimentarios y las adicciones.

Como conclusión plantea Arciero que la tecnología se debería ver como una crítica a la actualidad y se debería limitar su uso, para darnos espacio a percibir más la humanidad y preocuparnos más de la espiritualidad, ya que ésta es una dimensión esencial en el desarrollo humano.

En mi opinión creo que es fundamental no dejar de lado la lectura, debido a que ésta sirve mucho como autoayuda para entenderse a sí mismo y el mundo en el que vivimos. A nuestros hijos nos sirve para desarrollar la creatividad, entender de mejor manera el mundo y desarrollar distintas emociones, dejarlas fluir y que no permanezcan estancadas, ya que éstas últimas también son un posible causante de algunos trastornos. Además es necesario valorar más las cosas simples de la vida y darse cuenta de ellas. Todos los días nos ocurre algo agradable, bonito que nos hace sentir una emoción placentera, pero pocas veces nos damos cuenta de esta emoción y del momento agradable.

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