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Desigualdad de género - un problema que aún no se ha resuelto.

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Jessika Krohne Soletich.2012-05-02

La incorporación de la mujer al mundo laboral ha ocurrido de forma muy paulatina y especialmente en Europa ha estado marcado por importantes hechos históricos. Hace aproximadamente 100 años muy pocas mujeres eran laboralmente activas y solo en el sector económico más desfavorecido, se podía ver a mujeres trabajando. Esas imágenes, donde se veía a mujeres y niños trabajando en oscuras fábricas y sin ninguna seguridad laboral y muchas veces más de 12 horas diarias en condiciones muy precarias fue uno de los desencadenantes de la revolución industrial.

Después de las dos guerras mundiales, pero especialmente después de la segunda guerra, muchas mujeres quedaron solas a cargo de la casa, lo que las obligó a buscar trabajo remunerado fuera del hogar.

Después de esos hechos importantes, la incorporación de la mujer al mundo laboral ha sido muy lenta, especialmente en los países latinoamericanos, donde la flexibilidad laboral es muy escasa. A eso se le suma la desigualdad de género que se puede percibir en el trabajo. Si bien es cierto, que tanto en el mundo empresarial, como político hay cada vez más puestos laborales, que son ocupados por mujeres, aún queda mucho por hacer todavía, para poder decir que estamos viviendo una “Igualdad de género”.

Chile no es el único país que presenta está problemática, donde según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el indicador de desigualdad de género situó a nuestro país en el lugar 33 a nivel mundial entre 169 países medidos. Este mismo informe concluye también que no hay ningún país del mundo en el que las mujeres dispongan de las mismas oportunidades que los hombres.

Dentro de cada país se producen diferencias económicas entre las distintas clases sociales y regiones. Se dan también desigualdades entre razas y etnias. Pero también en cada país se puede percibir una desigualdad muy importante entre hombres y mujeres y las diferentes oportunidades que se les brinda a cada uno. Esta desigualdad atraviesa todas las clases sociales, aunque se observa más fuertemente en las clases menos favorecidas económicamente y en los países subdesarrollados. La razón es clara: en estos casos, la mujer se ve abocada a sufrir unas condiciones de vida de menor calidad, situación que es reforzada por la desigualdad de oportunidades ante el sexo masculino.

En muchos países desarrollados se han ido dando en los últimos tiempos avances hacia una mayor igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres y también en nuestro país se está haciendo un trabajo al respecto, pero es evidente que aún falta mucho por hacer todavía. La igualdad, en ocasiones, se ha conseguido en términos jurídicos, pero no reales. Por ejemplo en Chile se publicó en 2009 bajo el gobierno de la ex presidenta Michelle Bachelet la Ley N° 20.348 que modifica el Código del Trabajo con el fin de resguardar el derecho a la igualdad en las remuneraciones entre hombres y mujeres que desempeñan una misma función. Pero en la realidad las mujeres ocupan menos cargos de responsabilidad, tanto en la política como en la economía, siguen recibiendo salarios inferiores a los hombres en trabajos similares, les afecta en mayor medida el desempleo y cargan con la mayor parte del trabajo doméstico. Las mujeres que se encuentran incorporadas al mercado laboral se enfrentan a la doble jornada, a la del trabajo y a las tareas domésticas, cuya última labor muchas veces no es reconocida, ni social ni laboralmente.

Según la Organización Internacional del Trabajo “discriminar en el empleo y la ocupación es tratar a las personas de forma diferente y menos favorable debido a determinadas características como el sexo, el color de la piel, su religión, ideas políticas u origen social, con independencia de los requerimientos del trabajo”.

En los países subdesarrollados, en algunos casos, existe una gran discriminación de la mujer, hasta el punto de que hay países en los que no tiene acceso a la educación básica. En consecuencia, el analfabetismo afecta más a las mujeres y cuando saben leer o escribir padecen otras carencias educativas que las condenan a la realización de trabajos mal retribuidos y a la economía informal en bastantes casos. La pobreza afecta en bastante mayor proporción a las mujeres, que son las que soportan las cargas del hogar y la crianza de los hijos, especialmente cuando éstas se separan, ya que son ellas las que en la mayoría de los casos se hacen cargo de los hijos.

Se podría hablar de un avance muy notable y estratégico para un país en términos de desarrollo, si se elimina la discriminación y desigualdad existente en los lugares de trabajo, ya que eso ayudaría en combatir la discriminación en cualquier lugar ayudando a superar prejuicios y estereotipos. La igualdad en el empleo es importante para la libertad, dignidad y el bienestar de los individuos. El estrés y la falta de motivación son sentimientos que prevalecen entre los sujetos, objeto de la discriminación, afectando su autoestima, reforzando los prejuicios contra dichas personas e influyendo negativamente en su productividad. Eliminar la discriminación también es importante para el funcionamiento eficiente de los mercados de trabajo y la competitividad empresarial, además de permitir, expandir y desarrollar el potencial humano de una forma más efectiva y lograr un crecimiento positivo en el país.

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